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De Gloria En Gloria
LA SALVACIÓN DEL ALMA

por David W. Dyer

UNA PUBLICACIÓN DE “A GRAIN OF WHEAT” MINISTRIES

(MINISTERIOS “UN GRANO DE TRIGO”)



 

TABLA DE CONTENIDO
 

1-     El amor de Dios

2-     La oferta de la Vida

3-     Los dos árboles

4-     Las dos naturalezas

5-     La Sentencia de Muerte

6-     La Salvación del Alma

7-     El Tribunal de Cristo

8-     Montañas y Valles

9-     La Sangre del Pacto

10- Dividiendo el Alma y el Espíritu (1)

11- Dividiendo el Alma y el Espíritu (2)

12- Por Gracia a través de la Fe

13- La Imagen del Invisible

14- La Esperanza de Gloria

“Pero todos nosotros contemplando a cara descubierta, como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados a la misma imagen de gloria en gloria, como por el Espíritu del Señor” (2 Cor. 3:18)

Prefacio

Dios es invisible. Es un Dios que se oculta (Is. 45:15).

Por lo tanto, la única forma como podemos conocerle es cuando Él se revela a Sí mismo de alguna manera a nosotros. Consecuentemente, nuestra relación con Él depende completamente de la revelación. Cuanto más nos muestra a cerca de quién o qué es Él, tanto más podemos conocerlo y apreciarlo. Sin tal entendimiento espiritual sólo podemos especular a cerca de cómo pueda ser Él y formarnos un tipo de imagen mental de Su persona. Para tener verdadera intimidad con Dios y para caminar en Su presencia se requiere revelación sobrenatural.

Si deseamos  caminar con  Dios y cooperar con Él en Sus obras sobre la tierra, es necesario tener esta revelación espiritual. Moisés antes de comenzar a construir el  Tabernáculo, la  “morada” de Dios, pasó cuarenta días y cuarenta noches en Su presencia. Allí recibió mucha revelación a cerca de quién es Dios y qué es lo que desea. De la misma manera también, si queremos ser colaboradores juntamente con Jesús por causa de Su reino, debemos pasar mucho tiempo en su presencia recibiendo revelación divina.  La  intención de este autor es por lo tanto, comunicar de la manera más clara posible una pequeña parte de esta maravillosa revelación. Su oración más ferviente es que este escrito sea usado por el Señor para revelarse a Sí mismo de una manera más clara y más plena a cada uno de los lectores.

D.W.D



CAPITULO 1

EL AMOR DE DIOS

¿Por qué creo Dios al hombre? Esta es una pregunta importante que necesita ser respondida por aquellos que buscan entender a su Creador y su relación con Él.  Las respuestas más frecuentes generalmente incluyen pensamientos tales como: “El hombre fue creado para la gloria de Dios.” Mientras que tales explicaciones ciertamente contienen verdad, son realmente inadecuadas para señalar el designio final de Dios.  Ellas no llegan a penetrar las profundidades de la revelación bíblica ni proveen una base que tenga significado para nosotros individualmente.  Tales respuestas tienden a dar una impresión general e impersonal en lo concerniente a las intenciones de Dios para con el hombre. Pero yo creo que el Dios que las Escrituras revelan tiene en Su corazón un plan mucho mayor en relevancia íntima y personal de lo que la mayoría de nosotros jamás ha imaginado. Él es un Dios de amor.

El mensaje aquí contenido me ha sido y aún es muy difícil de escribir. De hecho, he intentado muchas veces a lo largo de los años tratar este tema por escrito, pero solo terminaba sintiéndome inadecuado.  Es un tema a cerca del cual he predicado mas que ningún otro. Pero al final de cada mensaje, inevitablemente siento que no hice justicia apropiada a este tremendo tema. Es tan profundo e insondable que la mera expresión humana simplemente no es suficiente.  Quizás la verdad es que el amor de Dios es verdaderamente incomprensible. Es algo que ningún ser humano podría jamás expresar completamente. Sin embargo, la importancia de la revelación del amor de Dios por cada creyente es tan grande y tan central a nuestra experiencia del cristianismo como Él quería que fuese, que siento que por lo menos debo tratar de poner algo de mi pequeña revelación  a cerca de este vasto tema por escrito. Que Dios en Su misericordia confiera sobre este escrito una unción y espíritu de revelación de modo que pueda ser un vehículo que lo transporte haciéndolo entrar en la plenitud del amor de Dios.

La Biblia es un libro incomparable. Nunca ha habido ni nunca habrá otro libro como el. En realidad sería imposible que algún ser humano o aún un grupo de seres humanos escribieran un libro así. Sólo Dios podría haberlo hecho. La complejidad de la Biblia, lo intrincado y la interconexión de los asuntos con el hilo de la historia, combinado con la admirable exactitud y detalle contenidos en ella, la colocan muy por encima de cualquier otra obra que haya sido escrita. Cuando se añade a todas estas consideraciones el hecho de que este libro no fue escrito por un mismo hombre en un mismo tiempo sino por muchos hombres diferentes durante un período de miles de años, su carácter extraordinario se hace aún más evidente.  Cualquier lector honesto de este libro, eventualmente terminará por caer de rodillas en admiración reverente ante  el Dios Todopoderoso.

Como con muchas grandes piezas de literatura, al comienzo de este maravilloso libro, encontramos algunas que podrían considerarse como “semillas”- las primeras pequeñas  introducciones a todo lo que estará ocurriendo en el resto de sus páginas. El libro del Génesis no es simplemente una narración interesante o un recuento alegórico  del inicio de la historia del hombre. Mas bien, en  los primeros capítulos de la Biblia encontramos en forma muy condensada la esencia de lo que Dios nos estará hablando a lo largo del libro.

En las primeras páginas se manifiestan los comienzos de todas las intenciones de Dios. Por lo tanto, nos parece importante, así que comenzamos nuestra investigación de los propósitos de Dios, mirar muy cuidadosamente a varios de los primeros capítulos de la Biblia.

UNA DECISIÓN CRUCIAL

Poco después de la creación del mundo, el Dios de la gloria sostuvo una conferencia solemne consigo mismo.  Después de esta admirable consulta, Él hizo el siguiente pronunciamiento: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Gn.  1:26). Esto es algo muy significativo. El Creador del universo decidió hacer un ser que se le asemejara.  Ahora, por qué Dios hizo algo así? ¿Por qué haría El una criatura que podría describirse como una representación en miniatura de El mismo? Ciertamente debemos concluir que no fue más que un deseo pasajero, sino que nuestro Dios tenía en Su mente un propósito glorioso.

El hombre no era un experimento, una añadidura o simplemente una nueva clase de criatura con la cual poblar la tierra. Mas bien, cuando Él formó al hombre, Dios estaba poniendo en marcha un plan indescriptible que emanaba de las profundidades de Su corazón.  Consecuentemente, el hombre es una criatura especial en el propósito del Todopoderoso. Él fue el único ser creado con este gran privilegio de ser hecho a la imagen y semejanza del Dios Altísimo. Ciertamente hemos sido “hechos en forma tremenda y maravillosa” (Sal.139: 14)

Dios comenzó Su creación de la raza humana con un solo individuo, Adán. Sin embargo, así que Él contemplaba Su creación (la mayor parte de la cual había declarado antes ser “buena en gran manera” (Gn. 1:31) ,notó que faltaba algo. Su atención se enfocó sobre un elemento que faltaba, el cual evidentemente consideró que era una deficiencia muy importante- Adán no tenía esposa.  Fue en este contexto que Dios pronunció unas palabras que son especialmente importantes las cuales creo que nos revelan algo a cerca de Su propio corazón. Él dijo: “No es bueno que el hombre este solo” (Gn.  2:18). ¿Por qué Dios haría una cosa así? ¿Por qué se esforzaría tanto para crear a Adán y luego así que el trabajo quedó concluido declararlo incompleto? . Un incidente así debe ser algomás que una coincidencia.  Parece ser posible que cuando Él habló esta frase a cerca del primer hombre, Él estaba haciendo eco a un anhelo que sentía profundamente dentro de Su propio corazón. ¿Podría ser que nuestro Dios no disfruta el estar solo? Podría ser que Él desea una unión íntima con un ser como Él mismo?  Sería posible que podamos entender de esta elocuente figura que quizás nuestro Rey tiene la intención de casarse?

La respuesta a estas preguntas es sin duda, SÍ. Sin lugar a dudas Dios nos está hablando a través de este pasaje acerca de algo que está profundamente en Su propio corazón. Teniendo este pensamiento en mente, examinemos juntos, más de la Escritura y veamos como ellas ciertamente apoyan tal hipótesis.

BUSCANDO UNA NOVIA

Poco después de crear al primer hombre, Dios declaró Su obra incompleta y luego se puso a  “construir” una novia para Adán. Sin embargo, en lugar de comenzar este trabajo inmediatamente, hizo algo muy extraño.  Primero trajo a todos los animales para que Adán los observara y les pusiera nombre. “Pero”, leemos, “no se halló una ayuda idónea para él”(Gn. 2:20) ¡Qué declaración tan interesante es ésta!

Parece  que Dios no estaba solo requiriendo que Adán diera nombre a los animales como una pequeña tarea antes de su boda, sino algo de mucha mayor importancia, Dios estaba buscando una ayuda adecuada para Él. Él y Adán juntos estaban examinando todos esos pájaros y bestias en busca de una compañera apropiada, sin embargo ninguna pudo encontrarse.  Por supuesto estoy seguro que muchas de estas criaturas eran muy agradables. Me imagino que algunas lucirían muy graciosas, tiernas y suaves. Pero de alguna manera algo no estaba bien. Ninguna de ellas podía suscitar una respuesta dentro de este hombre. De modo que, como ya lo dijimos, Dios se puso a trabajar para remediar la situación. Después cuando Adán despertó se le presentó una visión hermosa. La mujer que Dios había hecho estaba delante de él. Así que la observaba complacido algo se conmovió en las profundidades de su corazón. Algo dentro de su pecho respondía a esta nueva criatura.

En aquel momento ese sentimiento poderoso que jamás había sentido antes, encontró expresión en las palabras: “esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne” ( Gen. 2:23).  Ella era tal como él mismo. Lo que todas las criaturas jamás podrían ser para él, esta mujer lo era. Aquí había encontrado él una compañera apropiada con la cual podía estar en íntima unión.

Ahora, todo esto tiene por cierto una aplicación extremadamente importante a nuestra discusión a cerca de Dios y sus intenciones. Ustedes ven, aún cuando él esta rodeado de innumerables ángeles, aún cuando toda Su creación está delante de Él ninguna de estas otras criaturas son adecuadas para proveer la intimidad y compañerismo que Él desea. Ninguna de ellas puede llenar esta posición porque no eran similares a Él mismo. Tal como Adán no pudo encontrar una compañera entre los animales sino que tuvo que esperar  hasta que Dios le preparara una esposa, así también nuestro Señor esta buscando un “alguien” -su futura esposa- de la cual Él pudiera decir, “Ella es como yo, hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Queridos amigos, esto es mucho más que una simple lección  de historia antigua. Mas bien, aquí encontramos una elocuente ilustración profética de un importante principio espiritual. El plan de Dios para el universo es que solo criaturas que son similares pueden unirse o casarse. Solo seres que son semejantes están permitidos de tener esta clase de unión íntima. Las aves se unen con aves, el ganado con el ganado, los peces con los peces y así sucesivamente- cada cual según su propia especie- (Gn.1: 21-24) Esta verdad se ve claramente en la ilustración que acabamos de revisar, así como siendo ordenada por las Escrituras (Lv.20: 15,16). Por lo tanto, de acuerdo con su propia ley, Dios puede sólo juntarse en unión intima con un ser semejante a El mismo. Para Él poder casarse debe encontrar un ser que sea su contraparte. Muchos de los detalles contenidos en las primeras paginas del Génesis confirman esta suposición que Dios ciertamente tiene y ha tenido desde el mismo comienzo, un ardiente deseo de un compañero íntimo. Puede ser fácil para el lector descuidado pasar por alto estos detalles como si fueran insignificantes. Sin embargo aquí en los primeros capítulos del Génesis ser revelan algunas indicaciones substanciales y claras de todas las intenciones futuras de Dios en lo concerniente al hombre.

DOS BODAS PARALELAS

Al comienzo de la Biblia encontramos la boda original.  El primer hombre Adán, encuentra y se desposa con una hermosa mujer, especialmente construida por Dios para él. Y si leemos hasta el final de la historia, descubriremos que la Biblia también termina con una boda Jesucristo, “el último Adán”, recibe una esposa la cual ha sido especialmente para Él, notemos que en el registro escritural, hay muchos paralelos entre estos dos matrimonios, de hecho estos paralelos son tan impactantes que me veo obligado a concluir que la narración del Génesis debe ser considerada fuertemente profética, Dios al iniciar Su libro, coloca en las primeras páginas una santa profecía la cual aún ahora esta siendo cumplida en su pueblo.  Parte de esta profecía en lo referente a Adán en la creación de Eva ya la hemos examinado. Pero así que observamos mas, descubrimos indicaciones aún más maravillosas del plan de Dios. Debemos notar que Dios hizo “que un profundo sueño cayera sobre Adán”-un estado semejante a la muerte en el que fue hecha la obra de Dios en él (GN.2: 21). Mientras estaba él en esta condición, se hizo una incisión en Su costado y Dios retiro algo (nuestras traducciones dicen que fue una costilla)    Luego de esta parte de Adán, Dios “construyó” (en Hebreo) una mujer para él. De una manera similar, nuestro Señor Jesús entró a la muerte por nosotros en la cruz. Allí, Su costado también fue traspasado y algo salió de ese costado-“sangre y agua” (Jn.19: 34) es con esta sustancia eterna, que brotó del costado de nuestro Salvador,  que Dios está “construyendo” (Mt. 16:18) la novia de Cristo, La “mujer eterna que morará con Él para siempre”. Así que comenzamos a leer las primeras paginas del libro, encontramos un maravilloso jardín. Este jardín fue el escenario de la primera boda. De este jardín brota un rió y en medio del jardín crece un árbol llamado “el árbol de la vida” (Gn.2: 9) además el texto menciona que en esta tierra hay una abundante provisión de oro, algo llamado “ bedelio” y piedra de ónice (Gn.  2:11,12).  Al final del libro, en la narración del Apocalipsis, se describe algo de gran esplendor y gloria. Es una ciudad, la cual es el escenario de la última y más gloriosa boda del universo. Pero, sin embargo, notamos que esta ciudad contiene muchos de los elementos del jardín. Donde alguna vez leímos de oro enterrado en la tierra del Edén, ahora se nos muestra toda una ciudad irradiando esplendor de oro y teniendo su calle pavimentada con la misma sustancia.  Las piedras de Ónice descritas en el jardín, pueden ahora verse juntamente con muchas otras piedras preciosas, pulidas, perfectas y edificadas en una gloriosa muralla, rodeando toda la estructura. Esta muralla, adornada con “toda clase de piedras preciosas” (Ap.21: 19,20) simboliza a todos los verdaderos creyentes en su estado transformado y glorificado. En la nueva Jerusalén también hay un río.  Este es un río de agua de vida pura y cristalina que brota de debajo del trono de Dios y del cordero. Ese río, quizás espiritualmente relacionado con aquel que vimos al comienzo, esta ahora disponible para “todo el que quiera”  venir y beber. Esta aquí representando la vida de Dios mismo ante quien podemos venir y estar satisfechos. No sólo esto, sino que, el árbol de vida que aparece de manera tan única al comienzo, ahora crece abundantemente a ambos lados del río con sus doce cosechas (una cosecha cada mes) de fruto disponible gratuitamente para todos. Aun las hojas de este árbol son importantes, ellas proveen sanidad a las naciones.

Ahora, no nos olvidemos del “bedelio”. Esta palabra se encuentra en el capitulo 2 verso 12. frecuentemente la hemos leído aquí en este versículo, pero que es? Si Ud. no sabe puedo decirle que no es el único. Aun los estudiosos de la Biblia y los traductores realmente no lo saben. De hecho, el significado es tan oscuro que se han prestado esta palabra latina “bedelium” en lugar de una traducción inglesa. Una de las mejores maneras de determinar el significado de una palabra, es descubriendo como se usa en otras partes de la Biblia.

De modo que podemos usar este método para ayudarnos en nuestra investigación. El único otro lugar donde aparece esta palabra es en conexión con el pan del cielo, el maná, que se describe como pequeño blanco y redondo. (Ex.16: 14,31) y “el color del bedelio” (Nn.11: 7).  Por lo tanto quisiera sugerir que esta palabra bedelio podría referirse a lo que ahora conocemos como perla, algo pequeño, blanco y redondo.  De hecho, dos antiguos manuscritos traducen esta palabra como “perla”. Entonces, ya que, los estudiosos de la Biblia realmente no saben qué es esta sustancia, y como pronto lo veremos, esta traducción armoniza también con otras partes de la palabra de Dios, pienso que podría ser aceptable adoptar este significado.

LAS PUERTAS DE PERLA

Mirando otra vez a la Nueva Jerusalén, encontramos que cada una de sus doce puertas está compuesta de una sola perla grande. ¿Sabe Ud. Cómo se forma una perla?  Comienza cuando un grano de arena u otro pequeño objeto irritante penetra la concha de una ostra. Así que la irritación crece la ostra comienza a segregar un jugo de su costado el cual rodea al objeto irritante con una capa suave y preciosa de sustancia perlada. De una herida brota algo de gran valor.  Ciertamente tal ilustración nos está indicando al Salvador. Cuando su costado fue traspasado, brotó una sustancia que ha provisto una “puerta” para nosotros-nuestra entrada- en aquella ciudad eterna. Él es la “Perla de gran precio”. (Mat. 13:46).  De modo que Uds. ven que los materiales básicos a cerca de los cuales leímos en la escena de la primera boda, para el final del libro, han sido preparados y edificados como un escenario glorioso para una boda eterna- la boda del propio Hijo de Dios-. Mientras al comienzo se nos muestra a un hombre recibiendo a su esposa en medio de un jardín, al final es el pueblo de Dios el que participa en ese evento indescriptiblemente santo: las bodas del Cordero. En realidad la ciudad misma, es descrita como una novia, adornada para su esposo (Ap.21: 2).  El comienzo y el final de este libro, aunque escritos separados en el tiempo por miles de años, se ven así insuperable armonía, que sólo podría venir de Dios mismo. Ahora, después de considerar todo esto, no cree Ud. también que Dios ha estado deseando esto desde el comienzo? No ve Ud. aquí una ilustración hermosamente expresada del deseo del corazón de Dios? Todos estos paralelos del comienzo y el final de las Escrituras no pueden ser un accidente. Seguramente deben de estar comunicándonos algo de consecuencia e importancia eterna. Dios nos está revelando el deseo de Su corazón.

En la creación del hombre, podemos también encontrar mayor apoyo para esta comprensión. Ya que el hombre fue hecho a la imagen y semejanza de Dios (Gn. 1:26), no es irrazonable suponer que en alguna medida nuestros sentimientos íntimos reflejen aquellos de nuestro Hacedor.  Y uno de los más poderosos deseos en un hombre o una mujer es el estar casados con alguien que amen profundamente. Por lo tanto, el amor y el deseo de compañerismo íntimos no pueden estar muy lejos del corazón de Dios. Cuando leemos en Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo” cómo cree Ud.  que es este amor? Es sólo algún tipo de compasión   paternal? Es simplemente algo que se puede atribuir al hecho que Dios sienta lástima por nosotros pobres, pecadores, pequeños seres humanos a quienes Él hizo y así ha decidido rescatarnos? Quizás el amor de Dios incluye elementos como estos, pero creo que el amor de Dios por el mundo incluye algo mucho más profundo.  ¡Por que de tal manera amó Dios al mundo! La intensidad de su amor es indescriptible. Esto pertenece de tal manera a Su naturaleza que en un pasaje de la Escritura leemos que “Dios es amor” (1Jn.  4:16). Creo que Ud. verá, así que avanzamos en este libro, que esto tiene que ver con el amor que Él tiene por Su novia. Esto es nada menos que el deseo del Padre celestial de tener compañerismo eterno con alguien como Él mismo. Cuando Jesús estaba con sus discípulos participando en lo que denominamos “La Ultima Cena” Él dijo: “Cuanto he deseado comer esta pascua con Uds”. (Lc.22: 15) Por qué había un deseo tan intenso en Su pecho por comer esta sencilla comida con Sus amigos? Sin duda la respuesta está en el pensamiento que le traía a la mente una fiesta futura, una fiesta de bodas que venía. Jesús esperaba ver el día de Su boda, y había un deseo ardiente, un ansia dentro de Él por Su esposa. Es por eso que tenía un deseo  intenso tal de cenar allí con sus doce discípulos en preparación para todo lo que estaba por delante.

EL GOZO PUESTO DELANTE DE ÉL

Leemos en otra parte que fue “por el gozo puesto delante de Él” que sufrió la cruz (Heb. 12:2) ¿qué era este gozo puesto delante de Él? Era simplemente el gozo de entrar en la Gloria de Su Padre? Esta no parece ser una explicación adecuada, puesto que Él ya había participado de la gloria del Padre antes que el mundo fuera creado (Jn.17: 5). No, fue algo aun más grande, algo aún más profundo, algo aún más cercano a Su corazón. El gozo puesto delante de Él era el gozo de un varón que esperaba recibir a Su esposa. Es el gozo de un hombre en el día de su boda cuando se desposa con la mujer que ama. Jesús miraba al futuro y contemplaba a aquella con la cual se uniría en íntima unión. Fue esta visión, este gozoso pensamiento el que lo alentó a sacrificarse a Sí mismo por nosotros. En Isaías 62:5 leemos: “como el esposo se goza con la esposa, así se gozará contigo el Dios tuyo”.  Que maravilloso día será aquel cuando todos los redimidos de Dios se constituyan en una “santa mujer” y se preparen para ese glorioso día de bodas. Este es el gozo que estaba puesto delante  de Él y queridos hermanos y hermanas es también el gozo que estaba puesto delante de nosotros.  !Oh que Dios nos diese una visión y revelación de ese maravilloso día de bodas y todo lo que conlleva-Dios y el hombre juntándose en la unión más santa- para que podamos correr la carrera con gozo! ¡Aleluya! Tal visión ciertamente nos hará poner de lado todo, todo peso y el pecado que tan fácilmente nos atrapa (Heb. 12:1), y busquémosle a Él y sus propósitos de todo corazón.  ¡Oh, que Dios nos iluminara para ver Su voluntad y Su perspectiva! Sólo así seríamos impelidos a seguir adelante hacia Su meta, la cual es también nuestra más grande satisfacción.

El apóstol Pablo habla de esta futura intimidad con nuestro creador cuando dice: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han entrado en el corazón del hombre son las que Dios ha preparado para los que le aman” (1Cor.2:9). Luego él continúa explicando esto, diciendo que Dios ciertamente revela estas “cosas profundas” v.10 a aquellos que tienen intimidad con Él. Nuestro Señor nos llama a tener una relación de amor con Él. Esta es una relación que culminará en una unión con el Altísimo, que sólo puede describirse en términos de un matrimonio. Esta no es mi terminología, sino el lenguaje de la Biblia, palabras que Dios mismo escogió para describir estas cosas, de manera que pudiéramos entenderlas.

El matrimonio humano, con toda la intimidad que conlleva, es algo que ha sido creado y santificado por Dios. Dentro de los vínculos del pacto matrimonial, casi nada esta prohibido por nuestro Hacedor. Sólo tenemos que leer el cantar de los cantares para darnos cuenta como Dios ve esta clase de relación. Este libro es tan personal y contiene tales alusiones gráficas con relación a la intimidad marital que mucha gente-aun creyentes-no pueden leerlo sin experimentar incomodidad. Evidentemente su carne es demasiado fuerte y por lo tanto son estimulados de una manera equivocada. Sin embargo, aquí en la Biblia, Dios ilustra para nosotros nuestros gozos espirituales futuros. Él usa términos humanos, físicos y describe el intenso gozo de dos personas casadas, pero no tengo ni la menor duda que Él en realidad esta hablando de Sí mismo y de Su esposa. Por supuesto que este libro no se aplica a nuestros matrimonios terrenales de esta época, pero muchos grandes santos de Dios que nos han antecedido incluyendo a Hudson Taylor y Wach Man Nee han visto aquí una palabra profética. El Salmo 16:11 declara: “en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre”.

Otro pasaje dice: “Amados, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser” (1Jn.3:2). Este verso me solía preocupar porque no podía vislumbrar una relación con Dios mas elevada que aquello de ser uno con Sus hijos. Pero la Escritura ciertamente habla de tal posición. Hoy somos hijos de Dios y así nos relacionamos con Él sobre esa base, pero algún día,  glorioso día, entraremos en otro tipo de relación con Él. Algún día seremos Su esposa.  Aunque un niño pueda tener mucha intimidad con Su padre, la esposa disfruta de una relación mucho más profunda.

UNA SANTA UNION CON DIOS

Estas palabras “novia” y “esposa” conllevan pensamientos de disfrute e intimidad que podrían ser malentendidas por una mente carnal. Pero es mi oración que así que Ud. Lea estas palabras y medite en las Escrituras en lo concerniente a estas cosas, Dios abra sus ojos a esta gloriosa verdad. De acuerdo con la inconfundible claridad de las palabras de la Biblia, Dios esta llamando a Su pueblo a entrar en una santa unión con Él mismo, la cual solamente puede describirse como un matrimonio. Ciertamente esta no será una relación física como la que tenemos en la tierra, sino que mas bien, la intimidad física que tenemos aquí es simplemente una figura de los futuros gozos espirituales.

Quizás algunos lectores encontrarán difícil pensar en Dios como un futuro compañero de matrimonio. Mas bien con frecuencia es más fácil reconocerlo como nuestro Salvador o Padre. Mientras que estos ciertamente son roles que Dios tiene en nuestras vidas. La posición de ser nuestro futuro esposo es ciertamente la más íntima, nuestro Dios es un Dios de amor apasionado y este amor se enfoca en nosotros, meras criaturas humanas. Las Escrituras nos revelan el corazón de Dios y en Su corazón hay un tipo de romance divino, un amor ferviente por Su futura esposa. No se limite Ud.  meramente a la manera como Ud. lo ha conocido en el pasado, no tenga temor de abrirse a una revelación más grande de Su persona y carácter. El Dios que la Biblia revela es nuestro Señor y Rey. Ud. puede creer confiadamente que lo que Su palabra revela a cerca de Sí mismo es verdad.

No solo Dios tiene un amor apasionado por nosotros, sino que está buscando a aquellos que lo amen a Él de la misma manera. Se acuerda Ud.del primer mandamiento?  “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt. 22:37). Les parece esto algo impersonal y distante? Por supuesto que no, generalmente cuando alguien ama a otra persona con tal fervor, decimos que  están “enamorados”,tiene Ud. esa clase de relación con Dios? Es El su primer amor? o lo mantiene a la distancia, tratando de satisfacerse con un tipo de Dios impersonal y “seguro”, que tiene muy poco que ver con su vida íntima y secreta?  Leamos juntos del libro de Efesios, capítulo 3, versos 16 al 19. Aquí Pablo está orando por los hermanos, que ellos (y nosotros también) estén “arraigados y cimentados en amor”. Y desde esta posición puedan ser “capaces de comprender con todos los santos cual sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento; para que puedan ser llenos de toda la plenitud de Dios”. Ustedes ven, conocer el amor de Dios es importante. De hecho, es esencial para nosotros si vamos a entrar en una relación profunda, plena y satisfactoria con Él. Cuando usted sabe que alguien le ama en forma total y completa, entonces es fácil abrirles el corazón, confiando que ellos actuaran con lo que encuentren allí, en amor. Así ocurre en nuestra relación con Dios. Todos los creyentes necesitan una relación intima, de corazón abierto y sin secretos con Jesús. Debemos permitirle acceso a los lugares más recónditos de nuestro ser. No puede haber nada oculto. Nada del pasado, nada que nos haya ocurrido. Nada debe quedar fuera de Su amorosa mirada y toque.

CONFIANZA TOTAL

Este tipo de relación solo es posible cuando tenemos absoluta confianza en el amor de la Persona a la cual nos rendimos. Es esencial que lleguemos a conocer las profundidades del amor de Dios. Si no es así, solo tendremos una relación superficial e insatisfactoria con Él nunca podrá penetrar al centro de nuestro ser y transformar esas partes a Su imagen. Cuando tenemos temores, murallas internas y resistencias, esto sirve para mostrar que todavía no hemos conocido verdaderamente el amor de Dios. “El que teme, no ha sido perfeccionado en el amor” (1Jn. 4:18). Usted puede advertir al leer el libro de Apocalipsis que la novia de Cristo es “diáfana como el cristal” (Ap.21:11). Esta novia no tiene nada oculto, oscuro o reservado. No guarda secretos con su Amado. Su confianza en Él la hace ser completamente transparente, permitiéndole acceso a todo ella. Esta es la clase de relación que debemos tener con nuestro Señor. Es una relación del más profundo amor. Es la más pura y elevada intimidad que nos conduce a “toda la plenitud de Dios”. La necesidad más grande en nuestra vida cristiana es esta: una apasionada relación de amor con Dios, que nos conduzca a tener intimidad con Él y resulte en transformación a la imagen de Dios.

Me gustaría repetir que la interrelación  entre la primera y última parte de la Biblia no es una coincidencia. Esta no es simplemente una historia agradable. Mas bien, en estas páginas Dios está revelando cosas tremendas acerca de Sí mismo y Sus deseos que Él quiere que entendamos. Que maravillosa figura nos presenta el libro del Apocalipsis. Todas las semillas, todas las alusiones que son delineadas para nosotros en el libro del Génesis ahora han alcanzado su plenitud y cumplimiento. El material básico ha sido construido. Toda la estructura se ha completado. Todo lo que Dios el Padre comenzó a hacer en el principio se ha logrado. Allí se ve al hombre Jesucristo recibiendo a Su esposa, esa Santa ciudad la Nueva Jerusalén. Ella desciende del cielo preparada como una novia adornada para su Esposo.  El santo libro de Dios comienza y termina con una boda. ¡Qué increíble historia de amor es esta! Ha escuchado usted alguna vez una que se le iguale? Cuan tremendo debe ser el amor de Dios por la humanidad que lo haga comenzar a hacer todas estas cosas y luego vencer obstáculos tan tremendos para lograrlas. Cómo necesitamos ver y sentir dentro de nosotros el deseo ardiente que hay en el corazón de Dios por la humanidad, el deseo que Él expresa tan claramente en Jeremías donde dice a Su pueblo, “con amor eterno te he amado” (Jer. 31:3). Creo que esta clase de revelación plantará dentro de nuestro pecho un ardor similar por nuestro futuro esposo que nos impulse a prepararnos (Is. 54:5). Que nosotros por Su misericordia nos estemos preparando hasta que Él venga.

[Al principio]

Capítulo 2